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Paula Cubillos: «El Trabajo Social es ante todo, una pasión por lo social, que implica no rendirse ante la desigualdad, ni la legitimación de la injusticia»

Del estudio a la práctica, tanto en Chile, México, Ecuador y Francia. Paula Cubillos ha puesto a prueba su profesión en distintos países, con distintas realidades.
 Desde que salió del colegio, Paula Cubillos, Trabajadora social de la Universidad Católica con magíster en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales EHESS y doctora en Sociología de la Universidad Paris Decartes-Paris Sorbonne, tenía claro que iba a seguir una carrera del área social.
 
 
¿Qué te motivó a estudiar Trabajo Social en la Universidad Católica?
 
Eran épocas no muy fáciles, a principios de los 90 en el país la pobreza golpeaba las calles, y en mi familia siempre hubo una gran sensibilidad a las temáticas sociales. Rápidamente supe que yo no quería estar ajena al combate humanista que significaba derrotar la pobreza y fortalecer el tejido social. Elegí la “Católica” por su indudable prestigio y por el perfil de profesionales que forman en la Escuela, la orientación a pensar lo social y no solo ejecutar, a posicionarse en distintos niveles decisionales de esa cadena que es finalmente, imaginar y poner en práctica las políticas sociales.
 
Luego de egresar de la Escuela de Trabajo Social, en 1999, Cubillos se desempeñó en el área de la infancia. Trabajó en ONGs, en la Dirección Nacional de la JUNJI, pero siempre ligada a la academia. Luego en Ecuador, trabajó en una ONG de cooperación y desarrollo que trabajaba temáticas de género y empleo, lugar en donde despertó su interés por esa área. En el mismo país, se quedó unos años cursando un Master en Ciencias Políticas en FLACSOPaula Cubillos Trabajo Social UC Ecuador.
 
«En Francia validé mi título de trabajadora social al llegar a Paris, y pude trabajar en “terreno” inmediatamente. En mi primer trabajo, en el gobierno local de la región parisina, descubrí el “Estado Providencia” francés. La enorme cantidad de dispositivos existentes, la filosofía de la solidaridad, y también la enorme diversidad de problemáticas sociales que enfrenta Francia. Tenemos la tendencia a imaginar que acá no existen graves problemas, pero jamás había visto temáticas tan crudas de situación de calle de familias enteras, de violencia de género y multiculturalismo, de pobreza debido a la imposibilidad de inserción social: rechazo de asilo, no manejo del idioma, desplazamientos forzados, historias desgarradoras de migración».
 
Escritora de libros como “Infancia y Neoliberalismo en Chile. Crónicas del despojo” , y con el título de Profesora Universitaria, Paula decidió dejar la academia y moverse hacia un espacio donde pudiera conjugar  la reflexión, la producción de conocimiento y el acompañamiento al diseño de políticas sociales.
 
Actualmente como Jefa de equipo de proyecto de la Agencia Francesa de Desarrollo, ¿qué labores te tocan cumplir a diario?
 
¡Muchísimas! Estoy encargada de acompañar diversos países en la elaboración de programas sociales en el área de “Educación, Formación y Empleo” y me especializo en proyectos con impronta de género. Acompañamos principalmente a los Estados y actores públicos, a llevar a cabo políticas sociales en esta área, que favorezcan el derecho de acceso a la educación y empleo decente, en una lógica de aprendizajes a lo largo de la vida. En concreto, por ejemplo, yo estoy encargada de un proyecto de acompañamiento al Ministerio del Trabajo de México para realizar una reforma del trabajo y de la seguridad social que permita en el corto plazo la formalización del empleo de trabajadoras del hogar, y en el largo plazo, la formalización de los sectores más precarios del empleo. Coordino un gran proyecto de educación multicultural bilingüe en Ecuador; estoy empezando un proyecto de transformación de la educación secundaria en Costa Rica; tengo un proyecto de mejora de condiciones de trabajo de artesanas en África del Sur, etc. Además, coordino una alianza estratégica con el Banco Mundial en temas de género gracias a una cooperación con el Africa Gender Innovation Lab de la BM.
 
Es un trabajo que implica conocer en profundidad el funcionamiento de las políticas sociales, saber diseñar, analizar la efectividad en el largo plazo.
 
Teniendo la perspectiva de haber vivido en Chile y Francia ¿Qué diferencias –notorias- visualizas entre la realidad francesa y la realidad chilena respecto a temas como: bienestar social, derechos humanos y justicia social?
 
Yo creo que la principal diferencia radica en la concepción que tenemos del bienestar. Para Francia el bienestar es la garantía del acceso a derechos sociales, económicos y culturales, donde se concibe lo común como un espacio básico de la socialización, donde el mercado no puede entrar (o está muy restringido) y donde la solidaridad es la base de la democracia. Cuando les comento a franceses, por ejemplo, que en Chile la universidad pública se paga, que la mayoría de los y las escolares van a la educación subvencionada o privada, que existen las Isapres y las AFP, de verdad no solo se espantan sino que no logran imaginarlo. ¿Los niños y niñas no van a escuela pública del barrio?  Es una concepción diferente de los bienes comunes, los derechos sociales y de la igualdad como principio transversal. Lo mismo ocurre con la solidaridad. Hay gente que está dispuesta a ir presa por acoger migrantes porque ningún ser humano es ilegal.
 
La libertad de palabra, por ejemplo también se palpa. Tu puedes oponerte a las cosas sin miedo y sin que eso desencadene un conflicto. En un lugar de trabajo hay muchos sindicatos, muchos sectores políticos, y todos dialogan. Existen sindicatos de empleadores y cargos de dirección incluso. También la vida de barrio existe, algo que yo no viví en los últimos años en Chile. Acá nos dejamos las llaves y los niños entre vecinos, cerramos la calle en los barrios cada verano para hacer una gran comida, compartir y conocernos, la diferencia se aprecia y no se rechaza. Son rasgos culturales y sociales de una sociedad inmensamente diversa y de diferentes colores, que sabe también castigar el racismo, el que es considerado un delito.
 
Creo que Chile ha tenido que vivir duros procesos que lo han encerrado y que han privatizado nuestra forma de pensar la sociedad, y creo que también hoy se vive un proceso paulatino de apertura (aunque sea a la fuerza, gracias a la migración tanto de la comunidad chilena hacia afuera como de nuevas comunidades latinas que llegan, o las crisis sociales de la educación o la vivienda), que nos permiten ver otras formas de construir sociedad y comunidad. Y espero que podamos aprovechar esto como una oportunidad-país.
 
¿Qué es para ti el Trabajo Social?
 
Para es mi es una profesión que permite poner en práctica de manera sistemática y metódica, la transformación social como horizonte normativo. Es también una disciplina que permite generar conocimiento desde la experiencia y visibilizar los saberes populares y cotidianos. Es ante todo, una pasión por lo social, que implica no rendirse ante la desigualdad, ni la legitimación de la injusticia. Sin duda es un bello oficio, que tiene una carga valórica innegable y que debemos reivindicar. Algo que les estudiantes franceses les parece raro cuando les digo que para ser trabajadores sociales deben construir con pasión esta profesión. Ésta concepción del Trabajo social que hemos construido en Latinoamérica tiene mucho que enseñarle a Europa.
 
¿Cuáles son los desafíos para la disciplina?
 
Para mí, lo primero es dotarse de una mirada interdisciplinaria que sea capaz de superar las barreras de las parcelas profesionales y construir metodologías integradas sólidas para analizar lo social. Sería necesario también superar los complejos del “status” dentro de las Ciencias Sociales y posicionarse desde nuestra especialidad: hacer hablar las prácticas cotidianas, saber visibilizar la reflexión que emerge de la experiencia.
 
También creo indispensable integrar a la reflexión los desafíos de nuestro tiempo para pensar en un cambio social integral: analizar las intersecciones entre los desafíos de la desregulación climática y las múltiples desigualdades; la soberanía alimentaria, el bienestar y el empleo; la integración social multicultural; la construcción democrática de lo común, entre otros grandes temas.
 
¿Qué significó tu paso por la Universidad Católica, y específicamente, por la Escuela de Trabajo Social?
 
La Escuela fue sin duda un lugar y una etapa de crecimiento personal y profesional, que me permitió aprender a dialogar con las dificultades de la práctica, que me dio herramientas sólidas para continuar mi formación, que me permitió construir una concepción integral de lo social. Fue una época donde también establecí lazos fuertes en el plano personal, que me acompañan hasta hoy, amigas, amigos, colegas, camaradería…
 
En mi paso por la Católica también me formé políticamente y aprendí a canalizar mi inquietud en espacios de participación social. Fue sin duda una etapa y un lugar clave para definir lo que he construido de mi vida.
 
¿Recuerdas alguna anécdota de tu época universitaria?
 
¡Muchas! Pero varias no las puedo contar si quiero seguir con vida!
 
Hablando en serio, recuerdo particularmente con cariño la época en que en la Escuela tomamos parte en el liderazgo de la Conetso (la Coordinadora Nacional de Escuelas de Trabajo Social). Yo fui parte de la Mesa Nacional dos años y nuestra participación reivindicó a la Católica en ese espacio, porque hacia años que la Escuela no participaba tan activamente. Viajamos por el país impulsando una reflexión sobre la disciplina, sobre los desafíos del trabajo social, sobre la necesidad de alimentar la pasión por lo social. En ese marco, aprovechamos un Congreso Latinoamericano de Trabajo Social que se organizaba en Chile, para organizar un Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Trabajo Social (1998 creo). Recibimos estudiantes de toda América Latina, mas de 200 personas, nos conseguimos un gimnasio en el centro de Santiago donde alojamos a todo el mundo, cocinamos toneladas de fideos durante una semana! Me acuerdo que la Margarita Q. nos dio literalmente un cheque para la garantía del gimnasio, y cuando me lo paso salí temblando de terror de que en medio de las farras nocturnas les participantes destruyeran el lugar y yo quedara en deuda de por vida con Margarita! Al final no pasó nada grave, terminamos cansadísimos y felices de haber logrado juntar tanta gente linda.
 
 ¿Qué diferencias ves entre estas generaciones y aquellas en las que estudiaste tú y tus pares?
 
Yo creo la mayor diferencia es que nosotres hicimos parte de una generación altamente politizada, que tenía una concepción comprometida de la profesión. Los últimos años que pasé en Chile, sentí que las generaciones estaban mas alejadas de esta visión de la profesión, pero es normal en relación con los tiempos. Creo que las nuevas generaciones traen nuevas lecturas y también aportan nuevos desafíos. Espero que los movimientos del 2011 hayan logrado remover un poco las cosas, y lamento no haber asistido a esos cambios.
 
¿Qué consejo le darías a quienes están estudiando Trabajo Social actualmente? ¿Alguna recomendación?
 
Que no olviden que nuestro desafío principal es ser capaces, colectivamente, de descifrar las nuevas configuraciones de lo social, y luego poner toda nuestra creatividad en estrategias pertinentes y eficaces para combatir las desigualdades, las violencias, las pobrezas. Y que todo esto requiere tanto de rigurosidad como de corazón.
 
¿Qué mensaje le mandarías a a los alumnos(as), ex alumnos(as), funcionarios(as) y académicos de la Escuela en su aniversario de 90 años?
 
Que alimenten el espíritu de solidaridad y de camaradería que ha sido parte de esta escuela y que ha formado tantas generaciones, esa mística que nos permite encontrar un sello en nuestras prácticas y en la complicidad de ser parte de esta larga historia. Que no dejen decaer la pasión por lo social, que para nosotras y nosotros siga siendo posible imaginar la transformación social y construir un monde en común.
 
Y sobretodo, ¡un gran abrazo de cumpleaños!


 
Información periodística: Alumni UC