portada3.jpg

Homenaje a Mónica Jiménez, ex directora de la Escuela de Trabajo Social UC

Como Escuela de Trabajo Social UC expresamos nuestras más profundas condolencias a la familia, amigos y comunidad afectada por el reciente fallecimiento de Mónica Jiménez (25/08/2020), quien fue académica y directora de nuestra Escuela (1973- 1982), impulsando importantes cambios y aportes a la justicia social y desarrollo humano.

Mónica JiménezSu herencia a la UC, fue también el primer curso de Derechos Humanos que hasta el día de hoy se imparte para todos y todas las estudiantes de la Universidad. Fue además un actor público relevante para recuperar la participación en Chile antes del plebiscito, siendo directora de Participa, y luego ministra de Educación del Gobierno de Chile. También estuvo en la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación y fue embajadora ante la Santa Sede.

“Su legado es inspiración para avanzar en escuchar la voz de los y las silenciadas, para defender el espacio del Trabajo Social en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas y programas sociales, justamente para que esos espacios no estén vacíos de la voz de todas las personas implicadas”, expresó la directora de la Escuela de Trabajo Social UC, Carolina Muñoz.

De esta forma queremos recordarla con la siguiente entrevista, donde nos entrega parte de su historia y de la nuestra:

¿Cuáles fueron sus mayores logros en la Escuela de Trabajo Social UC?

Proyecto académico:

El año 80 tuve la oportunidad de que me invitaran a conocer escuelas de Trabajo que tuvieran todos los niveles de Trabajo Social (Bachillerato, Magíster y Doctorado), y les importaran los temas de pobreza, los temas comunitarios, lo que podría ser más útil para Chile. Después de visitarlas (en California, a la costa este, Washington D.C. Fordham, etc.) me di cuenta que lo más importante no era solamente el que tuvieran todos los niveles y buenos niveles de investigación sino que además fueran institucionalmente compatibles con nuestra universidad y por eso fue que que me pareció qué la Universidad Católica de Washington era la universidad con la que tenía que hacer el convenio, me hice muy amiga de la Mery Melone que era la Rectora de la universidad de Washington y le dije Mery esta es nuestra realidad, lo que tenemos que trabajar es una beca (Fullbright) para poder mandar todos los años, de a uno, un profesor que pueda venir a formarse para sacar nuestros programas de postgrado

Entonces empezamos a trabajar y a conseguirnos los financiamientos. La Nidia Aylwin (ex directora de la Escuela de Trabajo Social UC) y yo con nuestras familias fuimos becadas por la Fullbright, fuimos por seis meses y estando allá descubrí otras fundaciones que habían, que eventualmente podían ayudarnos en nuestros propósitos, entonces fue así como llegué a la Fundación Interamericana y les dije lo que buscábamos, que era dinero para hacer un programa de intercambio con la Católica de Washington y poder hacer un Master en Chile. 

El proyecto académico Fullbright (que nos había becado a la Nidia y a mí) quería continuar apoyándonos. Consistía en que nosotros, en este convenio con la Universidad Católica de Washington traíamos cada enero y cada julio a dos profesores de la Universidad Católica de Washington a Chile.

Aquí les dábamos alojamiento, para eso arrendamos un hotel que tenía todas las comodidades para que ellas y ellos pudieran vivir, y transporte hasta San Joaquín, hacían sus clases y tomaban sus pruebas, etc. Dos cursos cada semestre, se fue repitiendo por seis meses hasta que nos graduamos todos. El primer grupo que éramos 22 personas. Fue muy impresionante porque habíamos logrado una primera exigencia, que era tener un grupo de personas con el grado de Master. Después seguimos otro periodo más con otro grupo y con eso ya tuvimos cuarenta y tantas personas con este grado. Ahí pudimos también aceptar a alumnos de otras universidades lo que muy bueno también porque en el fondo se trataba de elevar la profesión y no sólo una escuela y se nos agradeció mucho.

Proyectos sociales:


Uno de los proyectos realizados que recuerdo, fue uno que realizamos con la Municipalidad de la Florida, el el Instituto Nacional de Tecnología de los Alimentos (INTA), las personas de la comunidad, lideres comunitarias y centros de instituciones de ayuda para los niños. Para ello conversamos con diferentes actores, Margarita Quezada, que era directora Social en la comuna de La Florida y Walton Ojeda de Alcalde de La Florida, que había trabajado antes en el Banco Interamericano de Desarrollo. También habíamos trabajado en la escuela con el INTA, y así creamos en La Florida ese gran proyecto.


Con todos esos elementos se fue armando un proyecto fantástico, que duró varios años y los estudiantes eran quienes lo sacaban adelante. Después fue en La Pintana también, en un proyecto muy completo que se trabajaba con los niños para que tuvieran no solamente alimentación sino que tuvieran también desarrollo pedagógico, se capacitaba a las madres para que pudieran replicar en sus casas lo que estaban aprendiendo con sus hijos en las mañanas. Se capacitaba a las madres y padres para que aprendieran a hacer huertos orgánicos y eso lo hacíamos junto al Centro de Estudiantes de la Escuela de Trabajo Social UC, que también en esa época existía. El INTA controlaba la salud y la alimentación de todos los niños y los huertos en las casas.


¿Cómo fue su participación para la llegada de la democracia en Chile?

Termino una etapa en la Escuela de trabajo Social y empecé a pensar en otras cosas. Ahí vino la cruzada por la participación ciudadana. Mi idea profunda era trabajar por la democracia, y estaba en proyectos muy interesantes pero desde la protección de la universidad. Pensé: “ahora hay que salir, hay que hacer algo afuera”. En ese momento me llamó Sergio Molina y me pidió caso podía integrar el comité por elecciones libres, ahí eran solamente hombres menos tres mujeres representantes. Estando en el comité por elecciones libres nos invitaban de diferentes embajadas y comenzamos a hacer más acción en terreno.

El embajador norteamericano, Harry Burnes, me dijo Mónica, nosotros queremos invitarla a que usted vaya a Estados Unidos para que usted vea como en Estados Unidos se incorpora y se hace ciudadanos a los migrantes, porque hay una cantidad de actividades para incorporar a los jóvenes, para incorporar a los recién llegados de diferentes países, y eso es lo que Chile tiene que aprender, como convertir en ciudadanos a todos, porque estuvieron marginados, no saben lo que es ciudadanía.

Ahí entonces me mostraron la liga de mujeres votantes y todas estas actividades que hacían con los jóvenes, los clubes de rock por ejemplo, así comenzó la cruzada. Con la inspiración de lo que se hacía en Estados Unidos mas todo lo que había recolectado el Instituto de Derechos Humanos, que tenía su sede en Costa Rica llamada Capel. Fui muchas veces a aquel lugar a aprender que es lo que se había hecho en otros países para producir este encuentro entre personas que no creían y que tenían que creer que la democracia era posible.

¿Qué había que trabajar en Chile para instaurar la democracia en esos años?

En Chile, se empezó a acercar mucha gente, quienes expresaban que lo que había que trabajar y el tema más grande en nuestro país era el miedo. La gente tenía miedo a que les identificaran, y por eso muchos no querían votar.

Así que empezamos a desarrollar ese tipo de cosas actividades para darle más valor a las personas, asegurarles que el voto era secreto, que nadie les podía vulnerar su conciencia, que ellos eran seres autónomos, independientes capaces de gobernar su país, si se lo proponían.

Seguimos trabajando y en la cruzada logramos formar 186 grupos en diferentes comunas y esos grupos eran los que alentaban a toda la gente. Los jefes de grupo nos juntábamos en la playa, en Punta de Tralca, y ahí entonces se desarrollaba toda la mística y todos esos jefes salían enardecidos con unas ganas inmensas de volver a sus lugares a transmitir lo que habían vivido.

Así fue como logramos que a la gente se le fuera el miedo, hicimos también, por supuesto, una cantidad de cartillas para que la gente supiera que es lo que era el Estado de Derecho, que es lo que era la democracia que es lo que era el voto libre e informado. Yo creo que esa fue una acción épica y muy de Trabajo Social, yo no entendí que eso era Trabajo Social hasta que no me llevaron dentro de ese periplo a la Universidad de Columbia, y vi que había un área, un departamento, en la Escuela de Trabajo Social donde se trabajaba, justamente con las personas que ingresaban al país y que tenían que hacerse ciudadanos. Ahí se me quitaron todos los miedos y me di cuenta de que no estaba haciendo una cosa distinta.

Fue muy bonito tener la experiencia de la cruzada, fueron muchas las personas, muchísimas las personas que colaboraron algunas rentadas, otras como voluntarios, llegamos a tener 5 mil voluntarios y la gente hasta el día de hoy me reconoce como de la cruzada con el pañuelito amarillo.

¿Qué mensaje le daría a los Trabajadores Sociales de nuestro país?

Sobre todo a los que están hoy día o a los recién salidos porque a los que ya salieron hace tiempo ellos me pueden dar mensajes a mí. Que pongan toda su alma y su corazón en lo que están haciendo, porque hay tanto por hacer. Yo veo en el mundo tanta necesidad, tantas personas necesitadas, tantos grupos humanos necesitados, tanta ausencia de amor, tanta ausencia de acogida, tanta precariedad, vulnerabilidad, fragilidad, que yo les diría que se entreguen con alma y vida a lo que están haciendo. Cada cual sabe, algunos están terminando de estudiar otras ya terminaron y están encontrando su primer trabajo, donde pongan corazón, donde pongan amor les va a ir bien, sin lugar a duda.

Que no busquen sus intereses personales sino los intereses de la sociedad y cuando se conecten con los intereses de la sociedad, ahí van a encontrar su lugar, ahí es donde tienen que estar. Poner mucho corazón y mucho amor en todo lo que hagan, mucho entusiasmo.

En el siguiente video puede ver parte de este testimonio: